20.9.12


 Escribimos nuestra propia historia.
 Creamos, imaginamos, nos equivocamos, tachamos, aprendemos del error, tratamos de no volver a cometerlo. Hacemos garabatos, trazamos líneas y flechas.
 Volvemos a leer la historia, recorremos todos los rincones de nuestra imaginación. Quizás escribimos más rápido, las ideas vuelan y todo parece fácil; pero otras veces nos trabamos y no sabemos con qué, cómo, ni por qué seguir.
 Releemos una y otra vez las páginas. Nos reímos de nosotros mismos y hasta nos enojamos por las cosas que no salen lo suficientemente bien.
 Si se nos termina la lapicera tomamos otra y comenzamos a escribir nuevamente. Aunque el texto tenga otro color, los cambios son para mejor. Seguimos… y esto nos llena el alma.
 Casi llegando al final, recorremos todo lo escrito, y es nuestro momento de decidir si lo que redactamos a lo largo de las hojas vale la pena, o simplemente arrojamos todo al tacho de basura.
 Porque de eso básicamente se tratan nuestras páginas. Escribir y llenarnos de vida.